Y no fue fácil. Creo que no lo pensé lo suficiente como para darme tiempo de arrepentirme.
Allí estaba, sin avisar, improvisando como sabes que me gustaba hacer. En aquella casa de la cual conocía todos sus recovecos y, casi, todos sus secretos. O al menos todos aquellos que se escondieron mientras tuve uso de razón.
Me encontré lanzando un largo suspiro ante aquella puerta, sin decidirme a llamar. "Hay que ver como cambian las cosas" me dije a mi mismo.