Divagaciones de una mente inquieta. La necesidad de escribir para dar salida a los sentimientos. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
dilluns, 23 de gener del 2012
Urgencias
En la sala de espera de urgencias no puedes encontrar nada bueno. Enfermedades, roturas oseas o fibrilares, niños llorando... Pero de vez en cuando encuentras cosas fuera de su lugar. Una de las cosas que me fascinan son esos ojos llenos de melancolía que no deberían estar allí, en ese templo de sufrimiento y desesperación. Unos ojos que claman a gritos una tristeza y una desesperanza inigualable. Unos ojos que dicen mucho más de lo que muestran.
dilluns, 9 de gener del 2012
Continuará...
Cuando me aventuré en aquel tugurio del barrio chino no podía imaginarme lo que iba a encontrar dentro.
Después de pasarme media noche ahogando su recuerdo en vasos que terminaron vacíos, después de maldecir infinitas veces al hombre que se la llevó, me dí de bruces con aquel esperpéntico lugar.
Nunca había oído hablar de él y a pesar de haber pasado por allí docenas de veces, nunca había reparado en su existencia. En la puerta un hombrecillo triste, dramático y que no pasaría del metro y medio, me invitó a pasar con todas mis consecuencias.
A duras penas bajé por las siniestras escaleras hasta que tropecé con la barra, tras de ella se encontraba quien parecía ser el regente del local. Un hombre cincuentón con cara de pocos amigos que me observó sin denotar ni la más mínima chispa de sorpresa, en su mirada se veía reflejado el sufrimiento y los años arrastrados, la experiencia que a veces pesa más que los años.
Tras mirarme largo y tendido lanzó un gruñido interrogante, que yo interpreté como la señal para que pidiera algo de beber. Miré a mi alrededor y me hallé rodeado lo más florido de aquel barrio, 3 amigos que pareciera acababan de conocerse arreglaban el mundo en su charla, mientras que en una esquina la mujer del tabernero aguardaba su próximo cliente. A mi izquierda, al fondo de la sala, se encontraba un pequeño escenario vagamente iluminado al que dos hombres con los 60 bien cumplidos arrimaban sus sillas expectantes.
Me giré hacia el gruñón y al ver mi mueca medio desencajada por la noche que llevaba a cuestas, resolvió el servirme un vaso de un líquido turbio, que aún a día de hoy no sabría como calificarlo. Lo pagué y me lo bebí de un trago, cayendo en mi estómago como una granada, mientras que al lado del escenario comenzaba a sonar una pianola.
El cúmulo de circunstancias hizo que mi cuerpo tardara en reaccionar para atender a la música y al espectáculo que , parecía, iba a llevarse a cabo.
Después de pasarme media noche ahogando su recuerdo en vasos que terminaron vacíos, después de maldecir infinitas veces al hombre que se la llevó, me dí de bruces con aquel esperpéntico lugar.
Nunca había oído hablar de él y a pesar de haber pasado por allí docenas de veces, nunca había reparado en su existencia. En la puerta un hombrecillo triste, dramático y que no pasaría del metro y medio, me invitó a pasar con todas mis consecuencias.
A duras penas bajé por las siniestras escaleras hasta que tropecé con la barra, tras de ella se encontraba quien parecía ser el regente del local. Un hombre cincuentón con cara de pocos amigos que me observó sin denotar ni la más mínima chispa de sorpresa, en su mirada se veía reflejado el sufrimiento y los años arrastrados, la experiencia que a veces pesa más que los años.
Tras mirarme largo y tendido lanzó un gruñido interrogante, que yo interpreté como la señal para que pidiera algo de beber. Miré a mi alrededor y me hallé rodeado lo más florido de aquel barrio, 3 amigos que pareciera acababan de conocerse arreglaban el mundo en su charla, mientras que en una esquina la mujer del tabernero aguardaba su próximo cliente. A mi izquierda, al fondo de la sala, se encontraba un pequeño escenario vagamente iluminado al que dos hombres con los 60 bien cumplidos arrimaban sus sillas expectantes.
Me giré hacia el gruñón y al ver mi mueca medio desencajada por la noche que llevaba a cuestas, resolvió el servirme un vaso de un líquido turbio, que aún a día de hoy no sabría como calificarlo. Lo pagué y me lo bebí de un trago, cayendo en mi estómago como una granada, mientras que al lado del escenario comenzaba a sonar una pianola.
El cúmulo de circunstancias hizo que mi cuerpo tardara en reaccionar para atender a la música y al espectáculo que , parecía, iba a llevarse a cabo.
Contando
Madre solo hay 1, y a ti te encontré en la calle
El amor es cosa de 2 mal contados.
Donde comen 3 pasan hambre 4.
El amor es cosa de 2 mal contados.
Donde comen 3 pasan hambre 4.
diumenge, 8 de gener del 2012
Encadenados
Una mañana cualquiera casi sin voz.
La voz que se quiebra en la madrugada.
La madrugada que alberga los más oscuros recuerdos.
Los recuerdos que alguna vez intentaste borrar.
La voz que se quiebra en la madrugada.
La madrugada que alberga los más oscuros recuerdos.
Los recuerdos que alguna vez intentaste borrar.
dimarts, 3 de gener del 2012
Perdedores
Perdimos el rumbo siguiendo unas estrellas que iluminaban demasiado.
Perdimos el tiempo haciendo caso de unos relojes demasiado exactos.
Perderemos la vida en una existencia demasiado perfecta.
Perdemos el sentido en unas palabras claras.
Noche fría
En una noche fría la espera se hace más interminable si cabe, la humedad se le cala a uno hasta lo más profundo de su ser, todo parece triste, gris.
Hasta que pasa ella... Esa chispa que te arde por dentro y que enciende las pasiones más primarias, el instinto animal se dispara y pierde el control de sí mismo, una ráfaga de sentimientos y sensaciones que ves alejarse tras sus pasos.
Una tímida sonrisa se dibuja en tu cara y parece que se asoma por tu cabeza la idea de lo que pudo haber sido.
Camuflaje
Un pozo sin fondo,
un saco roto,
el agua que lo llena
y la avaricia que lo rompe.
Una calle sin salida,
una vía muerta,
una apisonadora
y el tercer día.
El tiempo que hace,
los días que pasan,
rompimos relojes,
robamos paraguas.
Las ruinas que caen,
las obras conclusas,
rompimos paredes,
abrimos esclusas.
Y si no podemos vernos
arrasaremos con todo,
y si no pueden vernos
volaremos con el viento.
Bares que cierran,
bancos que abren,
copas se quiebran,
cuentas que corren.
Altas dosis de ficción
Una sobredosis de imaginación dio como resultado la ficción de un no vivir, una fantasía de alguien que no eres tú y piensa que lo fuiste, si llegaste a entenderlo aún sin saber la respuesta. El papel que no querías interpretar, el rol con el que no querías identificarte solo porque un recuerdo vago te lo impide, un oasis incubando ideas retóricas, una ironía que lo inunda todo, un sopor ardiente abandonando poco a poco un cuerpo que una vez fue tuyo; y el resultado de 1000 noches insomnes descargadas de golpe, sin avisar.
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