Llovía... Joder si llovía...
Era como si el cielo se hubiera dedicado a contener sus lágrimas durante todo el tiempo que hizo falta. Como si quisiera desahogar de golpe toda la rabia contenida y hubiese decidido, justo aquel día, derramar sobre nosotros, los pobres seres vivos que habitamos el planeta, toda su desesperación.
Y no dijo nada más, se dedicó a quedarse quieta y esperar mi respuesta después de su discurso que traía claramente preparado de antemano. Carraspeó tras el silencio incómodo al que estábamos sometidos aguardando mi respuesta que no surgió de mis labios.
No sabría decir si llegué a emitir algún sonido pero me encontré de repente solo en la habitación, podrían haber pasado segundos, minutos u horas, no podría asegurarlo. Solo podría decir que afuera seguía lloviendo.
Observé durante unos instantes las gotas frías salpicando los cristales y fue entonces cuando decidí comenzar a vivir.